28 septiembre, 2022

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Gran Templo Piedras

San Telmo

Sinagoga Histórica de la Ciudad de Buenos Aires.

El «Gran Templo» de la calle piedras es una de las primeras sinagogas que se construyeron en el país, cientos de personas celebraron su casamiento en ese lugar, en los últimos años hubo muchos avances con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires para declararlo patrimonio histórico.

La sinagoga de la calle Piedras se llama “Bet-El”, nombre elegido en 1920 por la Comisión Directiva, en oportunidad de la celebración de Januca.

Historia y curiosidades sobre
El Gran Templo de Piedras

Durante varios años fue considerado como “el templo israelita más suntuoso y magnífico de América del Sur”. Así aparece consignado en publicaciones gentiles de la época.
Famosas personalidades han concurrido, como el Dr. Alfredo Palacios, que recién llegaba de Israel, y el Primer Embajador Argentino en Israel, Dr. Gregorio Topolevsky.
Fue el primer lugar donde hubo “padrinazgo presidencial” (séptimo hijo varón). El presidente argentino era entonces el Dr. Marcelo Torcuato de Alvear y el recién nacido fue Isaac Marcelo Cabezas. El padrinazgo se desarrolló durante la ceremonia del “Brit Milá” o “sercusión”.
Su construcción comenzó en el año 1917, y te terminó en Setiembre de 1919. El responsable de la construcción de la sinagoga fue el arquitecto italiano José Tartaglia. Como la mayoría de las sinagogas de Buenos Aires, los profesionales a cargo no eran de origen judío. Como anécdota, puede mencionarse que la verja original del Templo Libertad estaba coronada por cruces, que luego fueron retiradas por las autoridades judías.
La sinagoga de Piedras fue durante varios años el epicentro de la comunidad sefaradita de Buenos Aires. El primer Gran Rabino de Argentina, Samuel Halphon, fue designado por el Rabinato de Rumania, y fijó su sede en la sinagoga de la calle Piedras.
La construcción de la sinagoga fue encomendada especialmente por integrantes de la comunidad de origen marroquí. El presupuesto fue de 60.500 pesos y se aprobó en 1917. El 50% debía pagarse antes de comenzar la obra y el otro 50% se pactó en 4 o 5 años con un interés fijo. La comunidad no disponía de ese dinero; se organizó entonces un empréstito interno, ofreciendo “acciones” cuyos dividendos se pagarían cuando hubiese fondos. Cada etapa de la obra fue supervisada por los miembros de la Comisión Directiva Marroquí, creada a tal efecto. El esfuerzo de los miembros de la comunidad para llegar a habilitar la sinagoga fue enorme.

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